Me preguntaba el otro día mi amigo Carlos si le podía explicar la teoría de Freud sobre el inconsciente, puesto que hablar de temas psicológicos e instancias de personalidad puede resultar complejo y aburrido, le puse un ejemplo utilizando de un modo burdo la mayéutica socrática.-Amigo Carlos, ¿has mirado alguna vez el escote de una chica?
-Si, claro, acaso tú no lo has hecho, -respondió... -No hablamos de mi,- le dije, -sino del inconsciente, sigamos con las preguntas.
¿Cuando lo has mirado lo hiciste descaradamente o trataste de disimular?
-Por supuesto que disimulé.
- ¿Y te has preguntado porqué lo hacías?
-No sé, dijo él, tal vez por que me gustan la chicas, qué preguntas son estas para explicar la teoría de Freud, -Confía en mi, incrédulo amigo.
Cuando mirabas y tratabas de no ser visto, ¿quién o qué te impedía mirar el escote, sin ocultar tu mirada a la dueña del mismo?
-Nadie, lo hago por educación, por moral, por yo qué sé qué, -respondió algo alterado, -pero no me parece correcto mirar al escote de una chica con descaro.
Bien, ¿y cuando alguna vez no has mirado, por educación o respeto, como tú dice, un escote sugerente de alguna chica, más tarde cuando estabas a solas pensaste que debías haber mirado?- Si, de hecho alguna vez pensé que fui un tonto por no mirar.
Muy bien, pues ahí tienes explicada, en tu comportamiento, la teoría freudiana de la personalidad, en esa conducta que acabas de reconocer y en los pensamientos que tienes al respecto.
Según Freud existen tres instancias en la personalidad, una sería la que representa lo primitivo, lo innato, lo que como animales llevamos en el código filogenético, lo instintivo, él lo llamó Id una palabra latina que significa Ello, junto con el Ello convive el Ego o Yo, que supone la realidad, la consciencia que te hace conectar con el presente, quien te justifica en las acciones, y quien te da los argumentos para tus conductas; y finalmente está el Super-ego o Super-yo, que es el que te dicta las normas, se encarga de la moral y se ocupa de mantener a raya al Ello.
Así pues amigo, Carlos, cuando miras el escote de una chica y no puedes evitar hacerlo es el Ello quien está determinando tu conducta, en cambio cuando a pesar de reconocer que te gustaría mirar el escote no lo haces sería el Super-yo quien impone su moral, en medio de esta disputa entre lo instintivo y lo moral se encuentra el yo que es, como decía antes, quien se alía con una u otra instancia y justifica a esa dualidad, de tal forma que cuando miras el escote de la chica provocado por la presión del Ello, tu Yo, lo acepta y justifica como una conducta normal, argumentando que eres hombre y que por tanto es normal que mires el escote. En cambio cuando no te atreves a mirar el escote, a pesar de lo que tu Ello dice, es tu Super-yo quien se impone y tu Yo quien te justifica, diciéndote que no es correcto mirar, que no es educado...
Freud además afirmaba que era necesaria un equilibrio entre el Ello y el Super-yo de lo contrario aparecerían patologías asociadas a la prevalencia de una de las partes sobre la otra.

Hoy en día las ideas de Freud no tienen mucho peso entre las ciencias sociales, sobre todo sus terapia psicoanalítica ha caido en desuso en favor de otras de corte cognitivo, aún así, no deja de sorprender que todavía haya personas estudiando y trabajando con el psicoanálisis como terapia de tratamiento con algunos pacientes.
No se le puede negar, a Freud, la innovación que produjeron sus ideas en cuanto a una explicación del funcionamiento de la mente humana y la conducta.
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