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14 de septiembre de 2007

Cambiar el destino


Un gran general, llamado Nobunaga, había tomado la decisión de atacar al enemigo, a pesar de que sus tropas fueran ampliamente inferiores en número. Él estaba seguro que vencerían, pero sus hombres no lo creían mucho. En el camino, Nobunaga se detuvo delante de un santuario Shinto. Declaró a sus guerreros:

-Voy a recogerme y a pedir la ayuda de los kamis. Después lanzaré una moneda. Si sale cara venceremos, si sale cruz perderemos. Estamos en las manos del destino.

Después de haberse recogido unos instantes, Nobunaga salió del templo y arrojó una moneda. Salió cara. La moral de las tropas se inflamó de golpe. Los guerreros, firmemente convencidos de salir victoriosos combatieron con una intrepidéz tan extraordinaria que ganaron la batalla rápidamente. Después de la victoria, el ayuda de campo del general le dijo:

-Nadie puede cambiar el destino. Esta victoria inesperada es una nueva prueba.
-¿Quién sabe? -respondió el general, al mismo tiempo que le enseñaba una moneda... trucada, que tenía cara en ambos lados.
Cuentos ZEN

A mi me gusta pensar que soy como el general, y que en cierto modo puedo cambiar mi destino.

4 comentarios:

  1. Las palabras de aliento confortan y nos dan la seguridad para no declararnos vencidos...jejeje pero quien puede darle la razón completa a este señor Destino al final me parece que el tambien siempre esta cambiando de parecer...
    -..yo creo que se pasa esperando a ver que vamos a decidir...imaginalo ..jejeje..no señor Destino hoy quiero caminar no nadar...

    Saludos multiples..y abrazos queridos...Don Quijote

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  2. No sé, yo prefiero pensar que domino mi destino, bueno, tal vez no lo domino pero lo dirijo más o menos...jajaja...
    Saludos, a tu yo clown de la nariz roja.

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  3. Una historia muy bonita.Somos nosotros mismos con nuestra actitud y nuestro ánimo los que podemos cambiar nuestro destino...muy interesante.
    Saludos gurb!

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  4. Pulgacroft, tienes razón el destino está en nuestras manos... sin duda.

    Un saludo y siento lo de tu asteroide, adelante...que tú puedes.

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